El pueblo

Historia(7/13)

El 13 de diciembre de 1503, la villa de Bermeo fué presa de un terrible incendio. Con anterioridad también había sufrido incendios, en 1297, 1347, 1360 y 1422, pero el de 1504 fué general. Arrasó casi todo el pueblo. Sólo se salváron los arrabales exteriores. Santa Eufemia, pero sobre todo la parte oeste de Santa Maria de la Atalaya, quedaron muy afectadas, dándo inicio a la ruina de ésta hermosa construcción. De las casas torres del núcleo urbano, sólo quedó en pié la de Ertzilla y el archivo del Ayuntamiento quedó totalmente calcinado.

Este incendio provocó un descenso acusado en la población de Bermeo. Mientras que en 1480 tenía 500 fogueras, en 1514 bajó hasta 430.

Pero, la decadencia de Bermeo había comenzado con anterioridad. Esta crísis se inició con el ascenso de Bilbao a partir de los siglos XIV y XV, bien situada, cerca del punto de encuentro entre los rios Ibaizabal y Nervión, y en el cruce de los caminos de Gasteiz, Urduña y Balmaseda; cerca también de las minas de hierro. Bilbao aglutinó el comercio maritímo de toda Bizkaia, la construcción naval y el comercio general. El comercio de la lana de Castilla con el norte de Europa se encauzó desde allí y comenzó a entrar desde Bilbao la mercadería de Europa.

Si todo ésto nos parece poco, Bermeo se encontró en el siglo XVI con la necesidad de dar cara a otros grandes gastos. Hablamos de los litigios jurisdiccionales que tuvo con las anteiglesias de sus alrededores.

Por razones que no se conocen muy bien, en casos de muchas villas, se hacía muy dificil fijar y consolidar los terrenos de su jurisdicción. Incluidas en los límites otorgados en su fundación se hallaban anteiglesias (existentes con anterioridad, probablemente), y éstas entidades de la Tierra Llana contaban con su autoridad y legislación propias. En el caso de Bermeo, al ampliarse su jurisdicción, y quedar bajo la misma las tierras de las anteiglesias de Almika y San Pelaio, las autoridades de Bermeo toparon con los derechos que tenían desde antiguo los hidalgos de las caserías. Como consecuencia, comenzó la lucha entre la Tierra Llana de Bizkaia y las villas. Bermeo, se basará en el acta de fundación para reivindicar sus tierras y las anteiglesias, en sus derechos consuetudinarios. La polémica se basaba en la territorialidad y la hidalguía y si la legislación de las villas era aplicable en algunos terrenos de su jurisdicción. Estos conflictos no se redujeron sólo a Bermeo, Gernika, Markina, Bilbao, Lekeitio y Portugalete también los padecieron. El Ordenamiento de Chinchilla también tuvo sus efectos en éste proceso.

Para el año 1500, el propietario del caserio Azeretxo de San Pelaio, había puesto en duda la autoridad del alcalde de Bermeo con motivo de la construcción de un molino en terrenos de su propiedad. Pero el mayor conflicto se originó en 1558, cuando fué hallado el cadaver de San Juan de Hermetxeo en los alrededores de Almika, y el alcalde de Bermeo actuó en su jurisdicción. El Señorío y las anteiglesias protestaron inmediatamente. La sentencia de 1562 fué contraria a Bermeo. La villa apeló y se la declaró inocente en 1568. En 1574 se ordenó realizar un amojonamiento, pero las anteiglesias se levantaron en contra del mismo, puesto que, siendo ellas también parte, no habían sido llamadas. Al año siguiente, fueron las anteiglesias las que propusieron otro amojonamiento.

Haciendo caso de lo señalado por las anteiglesias, en 1577, Jerónimo de Espinosa, juez mayor de Bizkaia en la Chancillería de Valladolid, rechazó y anuló todo lo realizado en 1574 y ordenó establecer el antiguo amojonamiento marcado por las anteiglesias. En 1578, el ejecutor Manuel Sampayo, realizó un nuevo amojonamieto. Con ésta sentencia, Artika, Almika y Demiku quedaban fuera de la jurisdición de Bermeo y así siguieron otros cincuenta y un años.

En el siglo XVII, las apelaciones de Bermeo darían su fruto y en 1628 se devolverían nuevamente a la villas, los terrenos otorgados en 1366.

Con ésta ejecutoria, parece que finalizaron los litigios jurisdiccionales entre Bermeo y las anteiglesias colindantes. En las otras comarcas de Bizkaia también se apaciguaron los conflictos entre las villas y anteiglesias. Sin duda alguna, ésta componenda debe siatuarse en torno a la llamada Concordia de 1630; gracias a ella se creó la estructura orgánica de Bizkaia, se unificaron los estatus de las villas y anteiglesias en las Juntas Generales y Regimientos del Señorío, acabando así con la duplicidad impuesta por el Ordenamiento de Chinchilla.

Aún sufriendo todas éstas contrariedades, Bermeo logró mantener cierta fama: con anterioridad, en 1512, y, posteriormente, en 1527, la reina Juana de Castilla y su hijo el emperador Carlos, confirmaron las Ordenanzas del siglo XIV de la Cofradia de Mareantes. En 1546, éste emperador confirmó también los privilegios de Bermeo. También debe señalarse, que durante todo el siglo XVI, Bermeo mantuvo el honor de ser “Cabeza de Bizkaia”.

Durante todo éste siglo, Bermeo se empleó en el comercio y la pesca. Aún se menciona la construcción de famosas embarcaciones de Zubiaur, Bertendona, Rekalde y Portuondo que llegaban hasta a cuatrocientas toneladas, y que se suministraban a la armada.

 

 

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